jueves, 28 de febrero de 2013

Alicante: las razones

Transcripción en castellano del artículo de Joan Solà de nombre "Alacant: les raons" publicado el 22 de mayo de 1997 en el periódico Avui. Dicho texto vino precedido por otro artículo, "Alacant: els fets" que se publicó en el blog el mes pasado. En ambos se habla sobre el proceso de substitución lingüística en la ciudad de Alicante.



Alicante: las razones 

El otro día resumíamos la situación del catalán en la ciudad de Alicante, según el libro de Brauli Montoya Alacant: la llengua interrompuda (Alicante: la lengua interrumpida). Tanto como los hechos, leyendo dicho libro a mí me han interesado las, digamos, razones, y no porque las causas no fuesen ya totalmente conocidas (no somos, al fin y al cabo, ninguna isla en el océano de las lenguas que se pierden), sino porque las razones impresionan más, suenan más verídicas, cuando las oyes de la boca de los propios protagonistas: cuando las expresa la intuición popular, al margen de las teorías de los especialistas; y porque siempre es bueno volver a meditar sobre estos fenómenos, sobre todo ahora que vuelve a haber efervescencia lingüística entre nosotros (¿Vuelve a haber? ¿Es que ha dejado de haber desde hace unos ciento cinco años?). Veamos, pues, estas razones.

Todas las razones se pueden resumir en una: el catalán se siente, y sobre todo se ha sentido, como una lengua baja, ligada a las clases bajas, de la periferia de la ciudad, etc.: "Porque el castellano es que era de gente culta, y el valenciano, no", dice un hombre de 53 años. El resto deriva de este núcleo. Por ejemplo, el catalán es propio de la gente mayor, del pasado. Escuchamos esta exposición de los hechos de un hombre de 79 años, tan sencilla como, si queremos, dramática: "Mi padre era un hombre muy... que veía... lo que tiene que hacer un hombre: nacer pero mirar al futuro. Si mira el presente o antes, se queda estancado y más vale que lo maten. Hay que ir hacia adelante, ¿no? Y entonces él vio que sus hijos tenían que ir a la escuela (...). Y entonces dijeron: 'Vamos a enseñarles castellano, hablemos nosotros con ellos en castellano y así tendrán más facilidad para la escuela' (...) Y yo eso lo vi bien". Este es el ambiente generalizado, la inercia, la norma social que se impone desde mediados del siglo XX. Y por instinto todos tendemos a no singularizarnos, a adaptarnos a la norma: a ser normales, vaya. El 53% de los encuestados da como razón de la situación esta norma, de manera clara y simple, sin ningún atisbo de remordimiento: "Aquí en Alacant ocurrix aixina", dice el uno; "ha vengut aixina", contesta el otro.

Y el poco catalán que sabe un joven es, con creces, un catalán empobrecido, aún más vergonzoso que el de los padres o abuelos. Escuchen: "lo vaig deixar a una xavala que estava com un tren per... per sentí-la parlar (...) perquè pareixia que tenia la boca plena de sopes i no m'agradava (...) parlava en valencià"; "¿Tú sabes desde cuándo no me gusta a mí el valenciano (...)? Desde que me tuve que declarar a una chica (...): 'Te vullc (...)'. ¡Y eso sonaba tan mal!". El autoodio que dicen los sociolingüistas no es, lectores, otra cosa más que eso, si no nos habíamos fijado. El uso del catalán en la televisión valenciana no ha conseguido invertir esta estremecedora sensación.

La guerra cívil representa un brusco incremento de la castellanización (yo me creía que eso sólo pasaba en Cataluña): "Oían a dos personas hablar en valenciano... si eran mujeres, les pegaban i les daban aceite de ricino... (...) A los hombres (...) se los llevaban a la comisaria y les pegaban una paliza". A ello se le sumó la escuela y luego la fortísima inmigración reciente y el turismo. Asimismo, Montoya advierte de que estos factores solo ratificaban y aceleraban un proceso antiguo e inequívoco. 

Brauli Montoya apunta a alguna acción de voluntariado para frenar el proceso: asociaciones extraescolares de alumnos y padres; colaboración, en la enseñanza del catalán, de las personas mayores que aún lo tienen como propio y en estima. Habría que conseguir ¿el milagro? de que nuevamente el catalán pasase de padres a hijos.


FUENTE: Joan Solà i Cortassa, Avui, 22/05/1997
TRADUCTOR: Antonio Tena Corredera

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