jueves, 25 de abril de 2013

Lenguas de la diplomacia- Hacia una distribución más justa

Hace algunas semanas se publicó en un blog de lingüística de "The Economist" llamado "Johnson" un interesante artículo en el que se reflexionaba sobre el papel del francés como lengua de la diplomacia y su posible sustitución por el español. Se adjunta seguidamente una traducción del mismo.


La traducción y la interpretación en materia diplomática es algo complicado. A los entusiastas de los idiomas les gusta rememorar de manera especial la historia del Tratado de Wuchale, firmado entre Etiopía e Italia en 1889. El texto del mismo difiere en amárico y en italiano. En el primer caso, el tratado garantizaba al rey Menelik II de Etiopía un alto grado de autonomía a la hora de llevar a cabo la política exterior. En la versión italiana, en cambio, se establecía un protectorado italiano sin ningún tipo de flexibilidad. El culpable: un verbo, que daba a la oración en amárico un cariz permisivo, y obligatorio en italiano. Seis años después, las diferentes interpretaciones del tratado llevaron a ambos países a la guerra. Ganó Etiopía.

Todo se habría solucionado si etíopes e italianos hubieran contado con traductores modernos. La traducción de tratados es un negocio en auge hoy en día. La Unión Europea, por ejemplo, gasta aproximadamente un total de 300 millones de euros cada año en traducir a sus 23 lenguas oficiales (a pesar de ser mucho dinero, supone menos del 1% del presupuesto anual de la Unión). Tres de estos idiomas -el inglés, el francés y el alemán- son lenguas de trabajo en la mayoría de reuniones. En realidad, el inglés (para horror de los franceses) es la lengua más usada normalmente. Sin embargo, y dado que cada documento se debe traducir fidedignamente a cada uno de los 23 idiomas, la creación de autenticas versiones puede resultar cara, así como llevar mucho tiempo. Afortunadamente, la mayoría de problemas se solucionan mediante el proceso verbal, que introduce correcciones técnicas sin revisar los acuerdos. Aún y así, todo ello puede retrasar ciertos asuntos. El año pasado, por ejemplo, se tuvo que posponer la ratificación de un tratado de la UE por parte de Irlanda debido a una serie de errores gramaticales en la traducción al gaélico irlandés del mismo. Obviamente la igualdad lingüística supone una serie de contrapartidas, pero la Unión Europa considera que los retrasos y los costes valen la pena.

La ONU debería revisar sus propios cálculos. Tan sólo tiene seis lenguas oficiales y dos lenguas de trabajo. Por este motivo, las tareas de traducción en Ginebra, sede de la mayoría de organismos de la organización, son decididamente más sencillas. Las lenguas oficiales de la ONU son geográficamente diversas- juntos, los hablantes nativos de árabe, chino mandarín, español, francés, inglés y ruso suman más de 2.200 millones de individuos. Sin embargo, las lenguas de trabajo lo son por tradición. La persistencia del francés se debe a su histórico papel como "lengua de la diplomacia". En los pasillos de la sede neoyorquina de la ONU se opta por el inglés, mientras que se prefiere el francés en Ginebra. Los tratados incluidos en la Colección de Tratados de las Naciones Unidas se traducen siempre al francés y al inglés. Todos los documentos se publican siempre en estos dos idiomas. Los Convenios de Ginebra, escritos tanto en francés como en inglés, pusieron las bases para el sistema internacional.

Pese a su historia, la preferencia de hoy por el francés es algo anacrónico. Con un total de 74 millones de hablantes nativos, el francés es un idioma muy pequeño en comparación a otros como el hindi, el portugués o el japonés. Para ser justos, el francés tiene en su haber la diversidad geográfica. Idiomas con más hablantes como el indonesio o el bengalí se hablan principalmente en un territorio concreto, pero el español o el árabe están geográficamente extendidos, además de contar con muchos hablantes. Los países hispanohablantes, a diferencia de los países árabes, son participantes activos de los organismos internacionales. Casi todos los países latinoamericanos, por ejemplo, son miembros del Tribunal Penal Internacional, afiliado a la ONU. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Tribunal Interamericano de Derechos Humanos, cuyo centro de gravedad se encuentra en Latinoamérica, son organismos fuertes y activos. Un contacto en la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos en Ginebra me reconoció hace poco que allí normalmente se oye hablar más español que francés, a pesar de que la oficina se encuentre en la zona francófona de Suiza.

¿Cuánto le está costando a la ONU aferrarse al francés? ¿Qué le costaría a la ONU añadir otra lengua de trabajo o sustituir al francés? La educación diplomática francesa es excelente, debido al hecho de que el francés ha sido por lo menos durante el pasado siglo una lengua de trabajo de la diplomacia. El aparato francés de traducción en las organizaciones internacionales está bien engranado. Muchos tradicionalistas en Europa optan por el francés y no por el inglés. Muchos países africanos son oficialmente francófonos (aunque el uso del francés se limite principalmente a las élites). Organizaciones de gran importancia, como Médicos sin fronteras o el Comité Internacional de la Cruz Roja, prefieren el francés. Hay motivos aceptables para mantener el francés, más que cualquier temor obvio de ofender a los francófonos. 

Sin embargo, el reparto del poder es diferente al de hace un siglo. El francés ya no es representativo en la comunidad internacional. Si el presupuesto de la ONU se está ajustando, la elección de las lenguas de trabajo debería ser más eficiente. De entre las lenguas oficiales, el árabe, el mandarín o el ruso no tienen sentido como sucesores del francés. Los países de lengua árabe son relativamente participantes más apáticos y prefieren trabajar, en cambio, a través de la introvertida Liga Árabe. El chino mandarín es enorme, pero es un idioma demasiado local. Desde el final de la guerra fría, el dominio ruso se ha reducido. Ninguno de los tres usa el alfabeto latino, así que la introducción de alguno de ellos como lengua de trabajo supondría un ajuste drástico y caro en el aparato lingüístico de la ONU. El español es el único sustituto lógico. Esta elección no sólo tiene sentido si comparamos al español con el árabe, el mandarín o el ruso, sino también por méritos propios. La ONU debería premiar a los hispanohablantes por el aumento de su influencia económica y social, así como por su gran compromiso con el sistema internacional, con una mayor presencia en la esfera lingüística.

Lo cierto es que estas observaciones son probablemente discutibles. Mientras Ginebra sea sede de algunos de los órganos más importantes de la ONU, el francés no se va a ir a ninguna parte. No obstante, las conversaciones sobre una distribución más justa de los idiomas están teniendo lugar en la ONU, aunque la mayoría sean a nivel privado. Las estadísticas geográficas del español demuestran que el asunto se volverá más urgente con el paso del tiempo. Mientras que muchas instituciones internacionales maduran a pesar de  sus limitados presupuestos y recursos, el sistema de la ONU aún tiene pendiente una remodelación en lo que a idiomas respecta.

FUENTE: The Economist
TRADUCCIÓN: Antonio Tena Corredera (Toni Tena C.)

3 comentarios:

  1. Ojala lo acepten, incluso en paises como Italia, Brasil y Portugal, es mas util y facil el uso del espanol por su parecido con estas lenguas, ademas yo por ejemplo puedo entender oralmente un italiano o un portugues en cambio me es imposible hacerlo con un francés ...

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  2. La verdad, el español tiene un gran auge, pero hay que recordar el futuro lingüístico del francés, algo importante, es que el francés se volveré tal vez, una de las lenguas más habladas del continente africano (estimaciones dicen que dentro de unos años, 9 de cada 10 franco-hablantes vivirán en África). Ya que en África Subsahariana y Árabe han empezado a tener a esta lengua como lengua inter-étnica, lo mismo que ocurrió en América Latina con el portugués y el español en épocas post coloniales.

    Yo siempre he considerado que al menos doce lenguas del mundo: Inglés, Francés, Español, Ruso, Árabe, Chino Mandarín, Portugués, Alemán, Japonés, Kiswahili, Hindi-Urdu y el Bahasa malayo-Indonesio. Son las lenguas más habladas, pero no solo eso, sino también aprendidas y estudiadas, aunque sus hablantes nativos del algunas sean pocos como el Kiswahili y el Francés.

    Aunque dirán que también el Coreano, el Persa, el Italiano, el Ucraniano o el Polaco también son muy hablados, pero por lo general estos saben algún idioma de los ya antes mencionados, los coreanos aprenden (inglés, japonés o chino), los persas (árabe), los italianos (francés, español, árabe o inglés), los ucranianos (ruso, francés o portugués) y los polacos (alemán, francés o ruso).

    Podría decir que es complicado el sistema lingüístico internacional, aunque como dicen en la UE, vale la pena los costos y los retrasos.

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  3. El tiempo dirá qué pasará en el futuro... Relacionado con el tema, hace unos meses vi una iniciativa que pedía que se incluyera el portugués como idioma oficial de la ONU ¿Alguien sabe en qué ha quedado todo? Lo cierto es que, teniendo el portugués más de 200 millones de hablantes repartidos en cuatro continentes, la medida me parece lógica.

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