lunes, 9 de marzo de 2015

La cuestión de Gibraltar

Sede gibraltareña del Instituto Cervantes
Si de algo han pecado los diferentes gobiernos de la democracia española es de ser cortoplacistas en sus actos. La política en torno a Gibraltar es prueba de ello. Hace apenas unas semanas, el ministro de asuntos exteriores español, José Manuel García-Margallo, anunciaba la inminente clausura de la sede gibraltareña del Instituto Cervantes, institución creada con la finalidad de enseñar y dar a conocer la lengua española en el mundo. El motivo aducido por Margallo no fue otro que en la colonia británica "todo el mundo sabe hablar español, salvo los simios". Y razón no le falta. Sin embargo, tanto Margallo como el resto del ejecutivo español que avala esta decisión parecen desconocer la tendencia iniciada en el Peñón allá por los años 60 cuando el Caudillo decidiera cerrar la verja que separa Gibraltar del territorio español, dejando a la colonia incomunicada por tierra durante casi dos décadas. Aquella experiencia supuso un trauma para al menos dos generaciones de gibraltareños y sirvió para que muchos de ellos vieran en España y todo lo relacionado con ella (incluida la lengua) una constante amenaza a la identidad gibraltareña. Si Franco alguna vez pensó que por las malas iba a conseguir que los gibraltareños quisieran regresar a España, desde luego, iba muy equivocado, y el contencioso actual es un efecto directo de tan nefasta política.

En declaraciones a El País, Albert Danino, un profesor gibraltareño de español ya jubilado, afirma que "el español ha perdido terreno entre los niños (gibraltareños) desde que los padres modernos hablaban a sus hijos en inglés para no perderlo. Luego llegaron las televisiones por satélite y se acabó esa época en la que en Gibraltar sólo se veían canales españoles. Ha habido una inversión. Los padres nacidos en los cincuenta hablaban a sus hijos en español. Ahora, no". A pesar de haber sido una parte fundamental de la sociedad gibraltareña, de unas décadas a esta parte, el castellano se percibe cada vez más como algo ajeno al Peñón. El español es una asignatura obligatoria en el sistema educativo gibraltareño, cuya lengua vehicular es el inglés. De este modo, se imparte una hora a la semana de castellano durante la primaria, y tres horas semanales durante secundaria. Muchos creen que esto es insuficiente para que los estudiantes adquieran unas competencias escritas y orales satisfactorias, especialmente si el español se está perdiendo como idioma de transmisión familiar en favor del inglés y del llanito, el habla popular gibraltareña que mezcla español e inglés y que bien se podría comparar con el spanglish estadounidense. El Instituto Cervantes, inaugurado en Gibraltar en 2006 fruto de un acuerdo entre el gobierno de Zapatero con los gobiernos británico y gibraltareño, vino a suplir esa tarea educativa. Durante sus ocho años de historia, el Cervantes gibraltareño ha dado clases de castellano a unas 4.000 personas, cifra para nada baladí si se tiene en cuenta que la población del Peñón es de poco más de 30.000 habitantes.

Ahora el ministro Margallo decide deshacer lo andado y cerrar la sede del instituto en el Peñón para abrir una sede nueva (igualmente necesaria e interesante) en Singapur, en lo que supone una nueva muestra de miopía política por parte del gobierno español. Huelga decir que los más contentos en Gibraltar con la retirada del Instituto Cervantes son los sectores ultranacionalistas, que siempre vieron en su presencia y su labor en la colonia una amenaza a la soberanía e identidad gibraltareñas.

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