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“Catalunya, capital Girona”

El president vicario de la Generalitat, Quim Torra, ha afirmado hoy en un acto de campaña de JxCat (la antigua Convergència) que, a su parecer, Gerona (o Girona, como gusten) ha asumido la capitalidad de Cataluña en detrimento de Barcelona, que ha preferido abdicar como tal. Nos encontramos en periodo electoral y lo cierto es que los políticos buscan el titular fácil. Sin embargo, las palabras de Torra no son peccata minuta; no tanto por la afirmación en sí, que resulta de lo más peregrina, sino por lo que se deduce de la misma. Es de sobras conocido el recelo (y, por qué no decirlo, el desprecio) que históricamente el mundo convergente ha sentido hacia Barcelona y su área metropolitana. 

En el imaginario convergente la Ciudad Condal representa el mestizaje, lo charnego; esa ciudad poblada por els altres catalans de Francesc Candel y cuya esencia Pérez Andújar ha sabido captar a la perfección en sus muchos escritos, para disgusto de Toni Albà . En contraposición, Girona es la quintaesencia de la Catalunya catalana: la de verdad, la pura, la castiza. La Cataluña carlista de la menestralía más añeja que por lo bajini (aunque cada vez más abiertamente) siempre ha menospreciado y mirado por encima del hombro a els castellans.

La aseveración de Torra vuelve a ir en esta misma línea. Sus palabras no sorprenden, y más viniendo de un personaje que distingue entre catalanes y bestias con forma humana y un bache en el ADN, o que es un admirador reconocido de figuras históricas de ideología más bien filonazi, como los hermanos Badia o Daniel Cardona. Sin embargo, uno no puede dejar de preguntarse cómo pretende el processisme cumplir el tan manido mantra de eixamplar (ensanchar) la base social del independentismo con un partido como el PDeCAT/JxCat/Convergència cuyas filas se encuentran trufadas de personas que se dedican reiteradamente a insultar y menospreciar a, por lo menos, la mitad de su potencial electorado. Los ejemplos son muchos y de diversa índole, aunque todos coinciden en un punto: la más recalcitrante hispanofobia

Verbigracia, la exconsellera de cultura y ahora flamante diputada en las Cortes, amén de activa tuitera, Laura Borràs, distingue entre catalanes y "espanyols nascuts a Catalunya" y es una de las firmantes del Manifiesto Koiné en que se tilda a los castellanohablantes catalanes de "colons lingüístics involuntaris" (involuntarios, eso sí ¡gracias por la condescendencia...!). Además, como persona cultivada que es, cuenta con unas habilidades poéticas muy prolijas que utiliza para "ensalzar" a España con atributos tan encomiables como retrasada, caciquista y feudal.



El actual conseller de Políticas digitales y Administración pública, Jordi Puigneró, también es conocido por su hispanofobia. Al igual que Laura Borràs, Puigneró es un usuario activo de las redes sociales, que aprovecha para comparar a los españoles con maltratadores, alcóholicos o mongoles. 


Con el permiso de la afirmación de Torra a propósito de la capitalidad de Cataluña, el último y más reciente ejemplo notorio de xenofobia convergente (sí, la hispanofobia también es xenofobia) es el del alcaldable de JxCat para la Seu d'Urgell, Jordi Fàbrega, que no ha dudado en afirmar en un post de Facebook convenientemente borrado que els castellans llevan la violencia en los genes.


Nada de esto es motivo de asombro, máxime si se tiene en cuenta que incluso el fundador de la famiglia convergente e ideólogo primigenio del procés, Jordi Pujol, allá por 1958 ya se deshacía en "elogios" hacia el pueblo andaluz, del cual escribía perlas como las que siguen: "El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (...), es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. (...) Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña e introduciría su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir, su falta de mentalidad".

Jordi Pujol destruido
por la miseria espiritual de la corrupción

Lo dicho. ¿Realmente alguien cree que con un partido, cuyos miembros piensan lo que piensan sobre muchos de sus conciudadanos, se conseguirá convencer a esa mitad de catalanes/bèsties amb forma humana/colons/botiflers/espanyols nascuts a Catalunya/tabarneses que aun no se han sentido atraídos por los cantos de sirena processistes que loan la independencia como la opción más viable para Cataluña? Servidor sinceramente lo duda... 

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