Si uno oye hablar de Islandia en los últimos tiempos, seguramente enseguida la relacionará o bien con un volcán de impronunciable nombre para quien no sea oriundo de la isla que causó estragos en la navegación aérea europea en 2010, o bien con la crisis económica y financiera que asuela al viejo continente desde 2008. En todo lo relacionado con este último aspecto, Islandia, a diferencia de Grecia, suele ser citada por muchos políticos y medios de comunicación europeos como un ejemplo a seguir; valga como ejemplo la editorial de El País de hace unos días en la que se elogiaba la actitud del país a la hora de gestionar su crisis financiera y la decisión de anular cualquier eventual adhesión de la isla a la Unión Europea. Sin embargo, también se alzan voces que desmienten esta supuesta Arcadia islandesa en la que las instituciones anteponen los intereses ciudadanos a los de los bancos, y en la que los gobernantes y los banqueros que llevaron al país al borde del precipicio han acabad...
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