¿Cuánto influye la política en Eurovisión?

Esta noche se celebrará en el Centro de Convenciones de Tel Aviv una nueva edición del certamen musical más longevo y célebre del planeta: el Festival de Eurovisión. Como cada año, el festival vuelve a estar rodeado de polémicas ("eurodramas", en argot eurovisivo), aunque este año éstas se han visto considerablemente aumentadas al tener lugar el evento en Israel y contar con una estrella de la talla de Madonna como invitada estrella. Hoy volveremos a oír con toda probabilidad aquello de que "Eurovisión es política", "se votan entre ellos", "siempre ganan los mismos" y otras soflamas similares que a menudo son fruto más bien de la frustración de ver como la candidatura favorita de cada cual queda relegada a la parte final de la tabla que de una verdad per se. ¿Pero influye realmente la política a la hora de votar en Eurovisión?

"Allévoy": cómo un mala localización hizo historia

Allá por 1997 llegó al mercado español un videojuego que habría de hacer historia. El videojuego en cuestión, Final Fantasy VII, supuso en efecto un antes y un después en varios aspectos: fue la aceptación definitiva por parte del gamer español (y occidental, en general) de un género como el juego de rol japonés (JRPG), hasta entonces con una cuota de mercado más bien reducida; para Sony significó el espaldarazo definitivo para su recién nacida Playstation, que veía consolidado su catálogo con un videojuego que el devenir convertiría en obra de culto; y para los traductores sentó un precedente en la aún incipiente localización de videojuegos. Y no precisamente en el buen sentido... A día de hoy, no hay gamer español que se precie de ser llamado tal al que no le suene el "allévoy" de Cloud, el protagonista del juego en cuestión. Y es que, por si algún lector despistado aún no se ha percatado, la localización al español de la obra de Squaresoft se convirtió en un ejemplo de cómo no traducir jamás un videojuego.

Muerte en Manila

Quien me conozca mínimamente o haya seguido mi blog a lo largo de los años, sabrá de mi interés por los avatares de la colonia española en Filipinas desde la salida de España como administradora del archipiélago asiático en 1898 hasta la práctica desaparición de aquella tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, que tuvo especialmente en Manila un final trágico. Durante los últimos años he leído varias obras que tratan de manerera parcial o en su totalidad los años de la ocupación japonesa en Filipinas (1942-1945) y de cómo ésta afectó a los hispanohablantes que allí residían. Valgan como ejemplo Los pájaros de fuego de Jesús Balmori, La última de Filipinas de Carmen Güell y Franquistas sin Franco de Florentino Rodao. La primera obra, publicada en 2011 por el Instituto Cervantes de Manila, resulta interesante desde un punto de vista histórico ya que se trata de la única novela en español sobre la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico escrita por un filipino (Jesús Balmori) en contemporaneidad al conflicto. La segunda es una biografía novelizada por la escritora catalana Carmen Güell de la vida de María Elena Lizárraga, una hispanofilipina perteneciente a la conocida como "alta sociedad manileña". Por último, la tercera obra, del profesor e historiador madrileño Florentino Rodao, se trata de un ensayo en el que se narra de manera extensa y minuciosa la rivalidad que surgió desde mediados de los años 30 hasta 1945 entre las diferentes facciones de la Falange española en Filipinas y sus desencuentros con las élites hispanas de Manila. Asimismo, he podido ver el interesantísimo documental "De aliados a masacrados" en el que, mediante el testimonio de supervivientes, se explica cómo los residentes españoles en Manila pasaron a ser víctimas de los ocupantes japoneses, a pesar de las buenas relaciones existentes entre la España franquista y el Japón imperial. Así las cosas, recientemente se ha publicado una novela del español residente en Londres Álvaro del Castaño Villanueva, la cual viene de alguna manera a sumarse a las pocas obras que tratan esta parte tan desconocida y fascinante de la historia reciente de España en ultramar. El libro, de elocuente nombre Muerte en Manila, se centra en la matanza perpetrada por la infantería japonesa en el Consulado de España en Manila el 11 de febrero de 1945; matanza en la que perecieron todos los que allí se habían refugiado tanto de la artillería norteamericana que "liberaba" la ciudad como del fuego indiscriminado nipón, a excepción de una niña de seis años de nombre Anna Maria Aguilella que sobrevivió milagrosamente a los varios bayonetazos asestados por un militar japonés. Este capítulo, poco conocido por el público general, supuso un antes y un después en las relaciones entre la España y el Japón de entonces, de modo tal que incluso el régimen franquista sopesó la idea de declarar la guerra a Japón pocos meses antes de que el Imperio del Sol Naciente finalmente se rindiera a los Aliados en agosto de 1945. 

Por una ley de lenguas

Recientemente la lingüista y escritora catalana Mercè Vilarrubias ha publicado de la mano de ediciones Deusto un interesante ensayo de meridiano título "Por una ley de lenguas- Convivencia en el plurilingüismo". La autora, que además ejerce la docencia como catedrática de lengua inglesa en la Escuela Oficial de Idiomas de Drassanes (Barcelona), lleva varios años abogando por una nueva aproximación en la legislación de las lenguas españolas, ya sea mediante anteriores obras como "Sumar y no restar", en la que cuestionaba el actual papel de la denominada "inmersión lingüística" en Cataluña, o a través de multitud de artículos sobre cuestiones lingüísticas similares en medios escritos como El Periódico o Crónica Global. El más reciente ensayo de Vilarrubias pretende dar un paso más en el activismo de la autora para proponer una hoja de ruta de cara a la creación de una Ley de Lenguas Oficiales a nivel español. En su obra, la escritora catalana critica el papel más bien pasivo que los distintos gobiernos del PSOE y el PP han adoptado desde la restauración de la democracia en todo lo relacionado a la legislación, la promoción y el uso de las distintas lenguas españolas (a excepción, claro está del castellano).  La autora analiza la situación de los últimos cuarenta años y acierta al decir que los denominados idiomas cooficiales (catalán/valenciano, gallego, euskera y, más recientemente, el aranés) han sido desde la promulgación de la Constitución y los distintos Estatutos de autonomía competencia casi exclusiva de las comunidades autónomas donde éstos se hablan, e incide en el hecho de que algunos gobiernos autonómicos han aprovechado todos los recursos políticos a su alcance para promover a la práctica un monolingüismo en los estamentos oficiales, todo en aras de una supuesta protección del idioma minoritario (y minorizado). La autora pretende con este borrador de ley llegar a un punto de inflexión que ayude a rebajar la tensión que a menudo ha surgido en torno al tema lingüístico, no sin antes criticar el papel de los unos y de los otros en todo este asunto.

Sanmao: crónicas de una mujer china en el Sáhara

Chen Mao Ping, más conocida por su nom de plume, Sanmao, fue una escritora taiwanesa con una enorme popularidad en Asia que, tres décadas después de su trágica muerte, sigue vigente y que, por avatares de la vida, hasta hace relativamente poco era una total desconocida para el público español, a pesar de la estrecha relación que siempre guardó con nuestro país. A finales de 2016, la por entonces recién nacida editorial :Rata_ tuvo a bien poner remedio a tamaña injusticia al publicar sendas traducciones en castellano y catalán de la que probablemente es su obra más famosa: Diarios del Sáhara. Dichas publicaciones suponen en parte una cierta reparación histórica para con Sanmao (cuyo apodo proviene de un popular personaje de cómic chino), ya que se tratan de las primeras traducciones a idiomas occidentales de alguno de los libros que nos legó la escritora asiática.

La Barcelona filipina (2ª parte)

El Desastre de 1898 marcó un antes y un después en la historia contemporánea española. Si bien España había ido perdiendo a lo largo del siglo XIX la mayoría de territorios americanos, ya sea a raíz de guerras o por medio de transacciones, no fue hasta casi finalizada la centuria, tras la derrota en la guerra hispano-estadounidense y la consiguiente pérdida de Cuba, Puerto Rico, Guaján y Filipinas, cuando el país entró en una definitiva crisis de identidad y política que marcaría (y en parte aún marca) el devenir y la idiosincrasia de la sociedad española. Sin embargo, el resultado de la contienda no supuso el final definitivo de las relaciones entre la antigua metrópolis y los territorios coloniales, no al menos de una manera total y abrupta. Valga como ejemplo que el fenómeno de los indianos se prolongara hasta bien entrado el siglo XX.  En el caso que aquí nos ocupa, el de Filipinas, la mayoría de los flujos comerciales y personales se seguirían articulando a través de Barcelona, en tanto que puerto español más cercano al archipiélago filipino desde la inauguración del canal de Suez en 1869.