sábado, 28 de febrero de 2015

La lengua de los reyes de Aragón

Hoy en día hablar de la Corona de Aragón es, por diferentes razones, motivo de encendida polémica. Unos y otros han querido ver en esta figura histórica las justificaciones a sus pretensiones políticas: desde el catalanismo soberanista hasta el españolismo más centralista, pasando por movimientos igualmente asimétricos como el pancatalanismo de algunos sectores políticos de Cataluña y el anticatalanismo, éste último en forma de episodios, más o menos anecdóticos, como el del blaverismo valenciano o el de algunas plataformas aragonesas como No hablamos catalán/No charrem català. Así pues, cualquier aspecto relacionado con dicha unión dinástica, como puedan ser la denominación de la misma. su organización territorial o el idioma que hablaban sus habitantes, puede resultar en la actualidad motivo de afrenta, incluso entre los  más doctos en la materia. La cuestión de fondo, cómo no,  se debe a la pretensión contemporánea de querer hacer política de acontecimientos acaecidos hace ya varios siglos.

Si bien es cierto que por lo general el nombre más utilizado por la historiografía actual es el de Corona de Aragón (Corona Aragonum), dicha denominación no es la única que aparece en los textos históricos, en los cuales se hace referencia también a Corona regni Aragonum (Corona del reino de Aragón), Corona Regnum Aragoniae (Corona de los Reyes de Aragón), e incluso fórmulas más largas como Regno, domino et corona Aragoniae et Cataloniae. Otras denominaciones más actuales como Corona catalanoargonesa o Confederación catalanoaragonesa, utilizadas sobre todo por sectores catalanistas, carecen de cualquier rigor histórico. Con todo, entre los siglos XII y XIV, la denominación más habitual en la documentación conservada para referirse a dicha unión de territorios no es ninguna de las anteriormente citadas, sino la de Casal d'Aragó (Casa de Aragón, en catalán). Ahora bien, si la onomástica de la propia Corona se nos antoja confusa y enrevesada, no lo es menos la de los distintos gentilicios de sus habitantes, especialmente cuando aparecen nombrados en textos y crónicas extranjeros. De este modo, nos podemos encontrar, por ejemplo, con que se hace referencia a la presencia de "aragonesi" en Sicilia, cuando en realidad se trata básicamente de tropas catalanas, o al ápodo de "catalani" dado en Roma a la familia Borja, cuando realmente era originaria de Gandía (Valencia), por no hablar de la denominación de hispanos que durante mucho tiempo recibieron los habitantes de los condados catalanes por parte de los francos.

Petronila y Ramon Berenguer IV
Remontémonos a los orígenes. La Corona de Aragón nació el 11 de agosto de 1137 tras los esponsales entre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila, hija de Ramiro II de Aragón. La boda, como venía (y viene) siendo habitual entre la realeza, no fue fruto del amor -más que nada porque por entonces Petronila contaba con poco más de un año de edad- sino de la unión de distintos intereses, en especial por el lado aragonés. Ramiro II había heredado el reino de su hermano Alfonso I El Batallador, quien falleció sin dejar descendencia. En un principio, y según lo estipulado en el testamento del monarca, tras la muerte de Alfonso, los territorios de la Corona habían de ser entregados a las órdenes militares, pero gran parte de la nobleza aragonesa, que veía peligrar sus privilegios, se opuso a tal decisión. También generaba bastante rechazo la pretensión al trono aragonés de Alfonso VII, soberano de Castilla, reino que ya por entonces empezaba a ansiar extender su hegemonía por toda la península. Ante tal panorama, la nobleza aragonesa escogió como nuevo monarca a Ramiro, hermano del anterior rey, que gobernaría con el nombre de Ramiro II. Éste, apodado el Monje, era un hombre de iglesia, nada interesado en los asuntos mundanos del poder monárquico, así que una vez habiendo engendrado a su sucesora, Petronila, decidió literalmente entregarla a Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, junto a los territorios del reino aragonés, tal y como se dispone en las cláusulas del acuerdo nupcial:

En nombre de Dios. Yo, Ramiro, por la gracia de Dios, rey de Aragón, te doy a ti, Ramón, conde y marqués de Barcelona, mi hija por esposa, con todo el reino de Aragón íntegramente, tal como mi padre, el rey Sancho, y mis hermanos Pedro y Alfonso no lo tuvieron nunca mejor.

De esta manera, ambos lados salieron ganado ya que Aragón conservaba su independencia política y evitaba entrar en la órbita castellana, retrasando así varios siglos una castellanización que a mediados del siglo XV, sin embargo, ya sería más que evidente. Por su parte, el Condado de Barcelona ganaba enteros para ver reconocida su independencia de los francos. En conclusión, se juntaron el hambre y las ganas de comer.

Llibre dels feits de Jaime I
Idiomas de la corona. Si se echa un vistazo a los datos de los primeros fogajes realizados, en el momento de máximo apogeo de la Corona, el siglo XIV, los distintos territorios llegaron a sumar cerca de un millón de almas, que se repartían de la siguiente manera: 500.000 en Cataluña, 200.000 en Aragón, 250.000 en Valencia y 50.000 en Baleares. De ellos, un 75% tendría el catalán como idioma materno, y un 20% el aragonés (cada vez más castellanizado); el resto se repartiría entre otros idiomas como el árabe (dada la gran población musulmana que habitaba en el sur de Aragón y en las comarcas interiores valencianas), el castellano, el euskera y el occitano. Así pues, ¿cuál era el idioma de los monarcas aragoneses? Hemos de suponer que anteriormente al matrimonio entre Ramon Berenguer IV y Petronila, el idioma habitual de los soberanos del Reino de Aragón era lo que en lingüística se conoce como navarro-aragonés, idioma romance hoy en día extinto cuyo texto más antiguo son las famosas Glosas Emilianenses halladas en en el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla, y que durante mucho tiempo han sido consideradas las primeras palabras escritas en castellano. Sin embargo, tras la unión entre el Reino aragonés y el Condado de Barcelona, varios detalles parecen indicar que la lengua materna de los miembros de la Casa real se trató, por lo general, del catalán (aunque no siempre en exclusiva). Dicha posibilidad se ve reforzada por varios factores, como el de que la mayor parte de los monarcas residiera durante su reinado en Barcelona o que casi todos ellos fueran enterrados a su muerte en monasterios catalanes como Poblet o Santes Creus, máxime si tenemos en cuenta la relación de tira y afloja que los monarcas mantuvieron históricamente con la nobleza aragonesa; el tradicional juramento de fidelidad al rey en Aragón que empezaba con "nos, que valemos tanto como vos y juntos podemos más que vos" es un ejemplo palpable de la tensa relación entre ambos bandos. Sea como fuere, la prueba de mayor calado se halla en los documentos recopilados en la Cancillería Real, el organismo administrativo de la Corona de Aragón, cuya sede central se encontraba en Barcelona (hoy en día convertida en el Archivo de la Corona de Aragón). Dicha institución, fundada por Jaime I, se encargaba de redactar y copiar todo tipo de documentos reales, eclesiásticos y nobiliarios. Durante el reinado de dicho monarca, se redactaba principalmente en latín, pero a medida que se fueron sucediendo los distintos reyes, los documentos redactados en aragonés y, especialmente, en catalán fueron aumentando. En la correspondencia con otros reinos el plurilingüismo era la norma: en la comunicación con Portugal y Castilla se utilizaban el latín y el castellano (con más o menos aragonesismos); en las relaciones con Navarra, Francia, Chipre y los países itálicos, el latín era, en cambio, la lengua exclusiva y de preferencia; por último, el catalán se empleaba en los textos cuyo destino eran las lejanas Armenia y Babilonia. No obstante, esta distribución lingüística no fue ni mucho menos uniforme a lo largo del tiempo. Tanto es así, que a mediados del siglo XV, la mayoría de la documentación se redactaba exclusivamente en catalán. Asimismo, la mayor parte de las crónicas que nos legaron algunos de los monarcas aragoneses fue escrita por lo general en catalán. Sin embargo, en las mismas queda patente que en la corte se hablaban diferentes lenguas. Por ejemplo, en la crónica de Jaime I - el Llibre dels feits-, impera el catalán como idioma; nos encontramos, empero, con que el infante Pedro (el futuro Pedro el Grande) se dirige en aragonés a su padre. La correspondencia privada que se ha conservado también nos puede proporcionar alguna pista de los "hábitos lingüisticos" de los reyes de la Corona de Aragón; Jaime II, el gran valedor del catalán como lengua de trabajo en la Cancillería Real, se escribía en castellano con Fernando IV de Castilla, siendo probablemente el precursor de una costumbre que aún hoy perdura entre los catalanohablantes. En lo que respecta a la comunicación epistolar con su familia más directa, Jaime II se comunicaba con sus dos hijos mayores, Jaime y Alfonso (el futuro Alfonso IV) principalmente en catalán, con su hijo Juan (arzobispo de Toledo) en latín, y con sus hijas las infantas María, Constanza y Blanca (residentes en Aragón y Castilla) se escribía indistintamente en aragonés o castellano.


Compromiso de Caspe de Salvador Viniegra (1891)
El cambio de tendencia. Tras la muerte sin descendencia del que habría de ser el último rey aragonés perteneciente a la Casa de Barcelona- Martín I- y con la consiguiente llegada al trono aragonés de la familia castellana de los Trastámara, a raíz del Compromiso de Caspe de 1412, el castellano fue ganando peso en la Corte aragonesa. Dicha tendencia no fue siempre del agrado de muchos; prueba de ello es el rechazo que generó en 1416 la alocución de Alfonso V (más cónocido como el Magnánimo) ante las Cortes de Barcelona en lengua castellana. En relación a dicho episodio, comenta David Ruiz González en su obra Breve historia de la Corona de Aragón lo siguiente: "ante este cambio de coyuntura, el arzobispo de Tarragona, en representación de la oligarquía catalana, advirtió al rey si vis amaris, ama ("si quieres ser amado, ama") en una clara alusión a la necesidad de respetar la lengua y las instituciones, como lo habían hecho sus predecesores, si quería recibir un trato recíproco. Tras este tenso episodio, Alfonso V rectificó y en la siguiente convocatoria ya se dirigió a sus vasallos en catalán, leyendo él mismo el discurso". Asimismo, durante este mismo periodo, en la mayor parte del Reino de Aragón se estaba produciendo un proceso de castellanización imparable, lo que resultaría en la práctica desaparición del aragonés, que quedaría relegado a la zona más septentrional del territorio (la actual provincia de Huesca, donde aún hoy en día se conserva el aragonés en varios valles pirenaicos). Si bien el catalán continuó siendo la lengua administrativa interna de gran parte de las instituciones catalanas, valencianas y mallorquinas hasta el siglo XVIII, así como el idioma mayoritario en dichos territorios, tras el matrimonio en 1469 entre Fernando II de Aragón e Isabel de Castilla (los conocidos Reyes Católicos), y el posterior traslado de la Corte hispánica a tierras castellanas, estaba ya claro que los reyes de la Corona de Aragón ya no tenían el catalán o el aragonés como lengua materna.


ENLACES EXTERNOS: 
- Lengua aragonesa. Historia y situación actual de Cristian Marco Villanueva 

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