martes, 28 de noviembre de 2017

La Barcelona filipina (2ª parte)

El Desastre de 1898 marcó un antes y un después en la historia contemporánea española. Si bien España había ido perdiendo a lo largo del siglo XIX la mayoría de territorios americanos, ya sea a raíz de guerras o por medio de transacciones, no fue hasta casi finalizada la centuria, tras la derrota en la guerra hispano-estadounidense y la consiguiente pérdida de Cuba, Puerto Rico, Guaján y Filipinas, cuando el país entró en una definitiva crisis de identidad y política que marcaría (y en parte aún marca) el devenir y la idiosincrasia de la sociedad española. Sin embargo, el resultado de la contienda no supuso el final definitivo de las relaciones entre la antigua metrópolis y los territorios coloniales, no al menos de una manera total y abrupta. Valga como ejemplo que el fenómeno de los indianos se prolongara hasta bien entrado el siglo XX.  En el caso que aquí nos ocupa, el de Filipinas, la mayoría de los flujos comerciales y personales se seguirían articulando a través de Barcelona, en tanto que puerto español más cercano al archipiélago filipino desde la inauguración del canal de Suez en 1869.

martes, 4 de julio de 2017

Bosnia-Herzegovina: un país, tres idiomas

Lingüísticamente hablando, como practicamente en todas los aspectos, Bosnia-Herzegovina se encuentra hoy dividida. Sin embargo, la fragmentación lingüística es solamente simbólica. Hasta la desintegración de Yugoslavia a principios de los 90, el serbocroata era una lengua estandarizada con dos variantes (la occidental o croata, y la oriental o serbia) y dos variedades (la hablada en Bosnia-Herzegovina y la hablada en Montenegro). Las variantes contienen muchas palabras exclusivas e inexistentes en la otra, mientras que las variedades toman elementos de ambas variantes. El serbocroata seguramente se habría dividido en croata y serbio mucho antes si no hubiera sido por la situación multiétnica de Bosnia-Herzegovina. La tesis de "una nación, un idioma" no funcionaba en Bosnia ya que los miembros de todas las naciones hablaban la misma variedad de la lengua bosnia. Nadie podía distinguir a un serbobosnio de un bosnio musulmán o croata tan sólo por su manera de hablar. La lengua hablada por los serbobosnios era mucho más cercana a la de los bosnios musulmanes o croatas que a la hablada por los serbios de Serbia o Croacia. Del mismo modo, los bosnios croatas se encontraban lingüísticamente más cerca de sus vecinos musulmanes y serbios que de los croatas de Croacia. Sin embargo, a raíz de la creación de fronteras étnicas artificiales, los nacionalistas de las tres etnias empezaron a crear también fronteras lingüísticas.

sábado, 30 de julio de 2016

Ikunde. Barcelona, metrópoli colonial

Desde el pasado 10 de junio, el Museo de las Culturas del Mundo de Barcelona acoge una exposición temporal cuyo nombre es "Ikunde. Barcelona, metrópoli colonial" y que gira en torno al papel central que la burguesía, la sociedad y las instituciones barcelonesas tuvieron a lo largo de los siglos XIX y XX  en la colonización española de la actual Guinea Ecuatorial. El principal objetivo de la exposición es el de rescatar del olvido y revisar desde un punto de vista crítico y actual un periodo de la historia catalana reciente que a menudo se ha querido obviar, cuando no ver como algo ajeno, más bien propio de otras latitudes ibéricas. La muestra toma como excusa la creación en 1959 del Centro de Experimentación y Adaptación de Ikunde en la ciudad de Bata por parte del Ayuntamiento de Barcelona para mostrar la presencia catalana en los territorios de Fernando Poo (actual Bioko) y Río Muni. Copito de Nieve, el famoso gorila albino del Zoo de Barcelona que fue (y es) todo un icono de la Ciudad Condal, ocupa una parte importante de la exposición, ya que gracias a él se nos introduce en el contexto del centro de Ikunde y del papel que dicha institución ejerció como proveedor de especies exóticas a zoos occidentales, entre ellas, el propio Copito de Nieve (o Nfumu Ngui en su nombre indígena), que llegó a Ikunde de la mano del primatólogo catalán Jordi Sabater Pi. 

viernes, 10 de junio de 2016

Macedonia: la inesperada bomba de relojería de los Balcanes

Plaza de Macedonia. Foto de Toni Tena C.
Plaza de Macedonia, Skopie
La semana pasada tuve la oportunidad de acudir a la presentación de la muestra fotográfica "YU: The Lost Country" en el marco del festival DOCfield Barcelona, en la que Dragana Jurisic, la artífice de la exposición, muestra a través de diferentes imágenes una reinterpretación moderna del viaje que hace más de 70 años llevó a la escritora anglo-irlandesa a través de la antigua Yugoslavia, y que plasmó en su célebre obra "Cordero negro, halcón gris". Durante dicha presentación, Jurisic calificó la situación en Macedonia de bomba de relojería. Casualmente, yo hacía menos de un mes había estado de visita por aquellos lares, y lo cierto es que me llevé una impresión similar a la de la fotógrafa croata.

Mucho se ha escrito de la delicada estabilidad de Bosnia-Herzegovina o Kósovo, lugares donde las heridas surgidas durante la guerra entre las diferentes etnias que conforman dichos países aún no han cicatrizado ni se espera que lo hagan en un futuro demasiado cercano. Sin embargo, la Antigua República Yugoslava de Macedonia (nombre oficial del estado, tras las quejas por parte de Grecia) lleva años sumida en una latente tensión étnica de la que poco se habla a nivel internacional. Macedonia tiene una población de cerca de dos millones de habitantes, de los cuales un 70% son macedonios (eslavos de religión ortodoxa), un 25% son albaneses (de religión musulmana) y un 5% de otras minorías, como gitanos, turcos o serbios.  De este modo, la lengua materna de 1,4 millones de habitantes es el macedonio, idioma eslavo fuertemente emparentado con el búlgaro, hasta tal punto de que muchos lo consideran un dialecto de aquél. Por su parte, el albanés es hablado por cerca de 500.000 personas, el romaní por unas 120.000 y el turco por unas 80.000. 

martes, 5 de abril de 2016

Manifiesto Koiné: una propuesta carente de realidad

Recientamente El Periódico ha publicado una columna de opinión que he escrito en respuesta al manifiesto del grupo Koiné, que aboga por una hipotética Cataluña independiente en la que el catalán sea la única lengua oficial, y que seguidamente adjunto: