viernes, 18 de marzo de 2011

Bélgica: Ceci n'est pas un pays


En estos días en los que corren ríos de tinta en torno a la inestabilidad y a la incierta deriva socio-política en los países árabes, pocos se acuerdan de que en el mismo corazón del viejo continente se vive en estos momentos uno de los más largos capítulos de ingobernabilidad que se recuerdan en Europa y en el mundo entero. Tras la celebración de elecciones generales en Bélgica el 13 de junio de 2010, el país ha pasado más de 240 días después a ostentar el record mundial del país que más tiempo ha permanecido sin gobierno (hasta ahora tan dudoso "honor" recaía en Irak), debido principalmente al desacuerdo entre partidos flamencos y valones en torno a una enésima reforma federal del estado belga.

Regiones lingüísticas belgas
El origen del conflicto radica en el enrevesado sistema federal bajo el que se rige Bélgica, que es a su vez un reflejo de la realidad lingüística del país, en el que tres idiomas -neerlandés, francés y alemán- son oficiales. Tras la reforma federal del año 1963, el país pasó a dividirse en cuatro regiones lingüísticas bien diferenciadas: Flandes, cuya lengua oficial es el neerlandés (o flamenco); Valonia, donde la lengua oficial única es el francés, algunas zonas fronterizas con Alemania donde la lengua oficial  es el alemán, y por último, Bruselas, único territorio oficialmente bilingüe (francés, neerlandés). En lo que a porcentajes se refiere, en torno al 60% (unos 6 millones de personas) tiene el neerlandés como idioma materno, mientras que el francés lo es del 35% (4 millones) y el alemán del 1% (100.000 germanófonos). El español, el italiano, el árabe y otros idiomas son hablados también por grupos de inmigrantes y sus descendientes, aunque dichas lenguas no gozan de ningún tipo de reconocimiento oficial por parte del estado belga. No obstante, históricamente el país no siempre se había dividido de igual manera. La primera constitución del país que data de 1831 recogía la “libertad de lenguas”, pero no se establecía la territorialidad. Asimismo, durante este periodo la lengua del poder y de la Corte fue el francés, mientras que los dialectos flamencos se consideraban poco más que un habla de campesinos. Todo ello conllevó, entre otras cosas, el progresivo afrancesamiento de Bruselas. Poco a poco, diferentes leyes fueron estableciendo correcciones de tipo sociolingüístico. Una ley de 1921 estableció la partición de Bélgica en dos territorios -Flandes y Valonia-, y en 1932 se instituyó el monolingüismo territorial entre las dos zonas. Finalmente, en 1963, tal y como se ha mencionado ya, el país se dividió en cuatro territorios lingüísticos. Desde entonces, Valonia y Flandes han vivido en un constante tira y afloja en el que los flamencos reclaman cada vez más competencias exclusivas del gobierno federal, mientras que los valones, recelosos de que la transferencia de dichas competencias convierta el sistema en una confederación previa a la independencia de Flandes, se niegan en rotundo. Más allá de la esfera política, tanto flamencos como valones suelen vivir ajenos a lo sucedido al otro lado de la frontera lingüística, aunque de vez en cuando saltan a la palestra noticias, a menudo rozando lo absurdo, que avivan el siempre latente conflicto lingüístico: desde las elecciones de Miss Bélgica y los conocimientos lingüísticos de la ganadora, hasta la lengua de la canción representante de Bélgica en Eurovisión.

En lo que concierne a conocimientos lingüísticos, los últimos estudios demuestran que Flandes es más multilingüe que Valonia, ya que en la primera el 48% de la población tiene conocimientos de francés. Por el contrario, tan sólo el 15% de los valones sabe hablar neerlandés. Paradójicamente, el alemán, que es el idioma oficial con menor número de hablantes nativos entre los belgas, cuenta con un mayor porcentaje como segundo idioma (27%) respecto al neerlandés.





 Bruselas, el caballo de batalla



Lenguas maternas de Bruselas:
57% francés, 11% francés y otro idioma,
16% ni francés ni neerlandés, 7% neerlandés,
9% francés y neerlandés














Hay quien dice de Bélgica que en realidad se trata de dos países en uno; otros directamente claman, “parafraseando” al artista patrio René Magritte, que “ceci n'est pas un pays” (Esto de aquí no es un país). Quizás tanto Valonia como Flandes viven de espaldas la una de la otra, prueba de ello es que tan sólo hay un 1% de matrimonios mixtos y de que un 40% de la población flamenca está favor de la secesión de su territorio. Sea como fuere, a día de hoy paraciera que tan sólo la familia real, la cerveza, la selección de fútbol y Bruselas mantienen en cierta medida al país unido. Y es precisamente la capital nacional, Bruselas, la cual ambos grupos sienten como propia – los flamencos por razones históricas, y los valones por motivos demográficos- la cuestión clave del conflicto. Como ya se ha indicado anteriormente, la capital del país y de la UE es una región oficialmente bilingüe, aunque su población es mayoritariamente francófona, a la cual se le suman unos 150.000 belgas francófonos que viven en una serie de localidades flamencas situadas en torno a Bruselas, en seis de las cuales disfrutan del derecho a recibir enseñanza y justicia en su lengua (las denominadas “facilidades lingüísticas”). Además, y para disgusto de la gran parte de la clase política flamenca, la capital y los 35 municipios flamencos que la rodean constituyen un distrito electoral especial (Bruselas-Halle-Vilvoorde) en el que los francófonos pueden votar por partidos de su comunidad, a diferencia del resto de Flandes y de Valonia, donde tan sólo es posible votar a partidos flamencos y francófonos, respectivamente. Los flamencos temen que la dualidad de partidos incremente, como ya ocurriera en la capital, el cada vez más patente afrancesamiento de la periferia bruselense. Mientras tanto, por ahora sólo queda esperar que la crisis gubernamental se resuelva y ver qué dirección toma el Estado belga tras una más que previsible nueva reforma federal. 


 
Reportaje del programa 30 Minuts de TV3 
sobre el conflicto lingüístico belga (en catalán)




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