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Diglosia: el noruego

Noruega, país de fiordos y de trolls, resulta un lugar muy interesante desde un punto de vista sociolingüístico, pues prevalece en él una situación de bilingüismo oficial que supone una excepción en el contexto de la problemática étnico-lingüística europea. Dicha situación tan sólo es comparable a las vicisitudes que llevaron a la definitiva oficialización del griego popular (demotikí), en substitución de la variedad basada en la tradición clásica  (katharévusa), tal y como ya se trató semanas atrás en otra entrada del blog. Existe entonces en el país escandinavo una lengua “noruega” dotada de dos variedades oficiales parificadas en el plano jurídico. Ello supone la convivencia de dos modalidades idiomáticas afines, pero a su vez substancialmente diferentes: por una parte, la  bokmål (lengua del libro), anteriormente también conocida como riksmål (lengua del estado), y que es hablada hoy en día por el 80% de la población, y, por otra parte, el nynorsk (neonoruego) o landsmål (lengua de la tierra), hablada por el 17,5%.

Esta particular situación fue consolidándose a partir de la segunda mitad del siglo XIX, cuando, en los albores del despertar nacional como consecuencia de la independencia de Noruega con respecto a Dinamarca y a la posterior unión con Suecia, se afirmó la voluntad de substituir la lengua danesa estándar, oficial hasta entonces, por la variedad dialectal danesa que se había empezado a difundir en la zona, especialmente en las ciudades, a partir del tardo medievo y con el advenimiento de la reforma protestante. Este idioma reformado, para cuya estandarización se acentuaron las diferencias con respecto al danés estándar, constituyó la base de la  bokmål , lengua en la cual se expresaron, en el ambiente del renacimiento literario noruego, escritores de la talla de J. Moe, K. Knudsen y H. Ibsen. Sin embargo, contemporáneamente fue ganando terreno, sobre todo gracias a la actividad del escritor I. Aasen, la normativización de la landsmål, una nueva lengua basada en los dialectos noruegos más puros, que habían permanecido menos expuestos a la influencia danesa.

División municipal entre las dos variedades
en el año 2007
En 1885 este neonoruego, definitivamente codificado en 1901, se oficializó en igualdad de condiciones con el  riksmål. Ello dio pie a una distinción de carácter sociolingüístico entre las dos lenguas con la elección de la  riksmål  por parte de ciertos sectores burgueses y urbanos, y del nynorsk en el ambiente más rural y entre los grupos políticos nacionalistas. A partir de la independencia de Suecia en 1905, tanto el estándar del  bokmål como el del nynorsk fueron reformándose con la intención de agilizar el proceso de convergencia entre las dos variedades y favorecer así su integración en una nueva variedad nacional (samnorsk). Los distintos gobiernos que se sucedieron desde entonces favorecieron estas formas de dirigismo lingüístico, para el desagrado de los distintos grupos que apoyaban los respectivos estándares. Sólo a partir de 1966 se renunció a la perspectiva de una unificación lingüística  del país, admitiendo de manera definitiva el bilingüismo imperante. De este modo, a partir de los años ochenta se promulgó también una legislación específica mediante la cual se atribuye a los municipios, entre otras cosas, la elección de la variedad lingüística en la cual quieren llevar a cabo las relaciones con la administración central del estado. La distinción entre la  bokmål, más cercana a las exigencias de la comunicación moderna y hablada en las regiones más pobladas, y el nynorsk, más arcaizante y vital sobre todo en la parte suroccidental del país, continúa por lo tanto caracterizando el paisaje lingüístico noruego. Aunque el mayor prestigio de la  bokmål, a pesar de la cooficialidad, parece evidente y destinado a aumentar, no hay que olvidar que el uso del nynorsk, que se basa también en la vitalidad de los dialectos locales, ha acabado por asumir una valencia identitaria, hasta tal punto que la preferencia por esta variedad responde a motivaciones individuales de autoestima que parecen no estar presentes en la adhesión a la  bokmål, que representa la opción lingüística “normal” para la mayor parte de la población noruega.





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