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A vueltas con la Academia...



Renovarse o morir. Éste podría ser perfectamente el lema alternativo de la Real Academia Española a su ya clásico "Limpia, fija y da esplendor". Y es que la Docta Casa gusta, con tinos y desatinos (según se mire), de estar siempre al pie del cañón. Verbigracia, hace unos meses la RAE andaba a la gresca con el bolivariano y revolucionario gobierno venezolano a raíz de un polémico artículo del académico Ignacio Bosque, suscrito por diversos miembros de la institución, así como por varios académicos de las academias correspondientes de América y Filipinas. En dicho artículo, de aclarador nombre "Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer", el reputado lingüista tildaba de rebuscada y redundante la enumeración del masculino y el femenino en ciertos fragmentos de la Constitución de aquel país suramericano. He aquí un ejemplo:

«Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los 
cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta 
Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea 
Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República,
Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o 
Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de 
la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o 
Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley
Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.»


Pues bien, en estas dos últimas semanas se han ido conociendo algunas de las actualizaciones y neologismos (1697 en total) que la institución va a incorporar a la vigésima tercera edición de su diccionario, muchos de los cuales ya se pueden consultar en la edición electrónica disponible en la página web de la Academia, conocida popularmente como "Buscón". Huelga decir que, como viene siendo habitual en estos casos, algunas de las nuevas inclusiones no han estado exentas de cierta polémica. Para muestra, un botón.

A partir de ahora, por obra y gracia académicas, en las tertulias políticas españolas ya se podrá hablar de peperos y sociatas sin temor a ser reprendido por algún purista de la lengua (sí, en cambio, por alguien del partido contrario). Asimismo, y sin abandonar el terreno ideológico, la RAE también va a dar cabida a los euroescépticos, tan en boga últimamente en el viejo continente, así como a los ya habituales okupas, los cuales, a su vez, no ocupan, sino okupan. Visto lo visto, la rebelde letra k gana posiciones en el nuevo diccionario, y a servidor, en adelante, podrán llamarlo friki con todas las de la ley por escribir semejante blog. Así que blogueros del mundo, ¡congratulémonos! ¡La RAE al fin nos acoge en su seno! Y si de senos se trata, pronto será posible hablar del canalillo con el total beneplácito de los académicos cuando uno se refiera a esa parte del tetamen femenino (aceptado ya en la anterior actualización). Igualmente, ahora los hablantes más lenguaraces podrán referirse al muslamen de las féminas con absoluta tranquilidad, para horror de las más acérrimas feministas.

Pero si de algo no se puede acusar a la Academia en los últimos tiempos, es de ser, a diferencia de antaño, poco condescendiente con los diferentes colectivos que conforman la sociedad, por mucha polémica que ello le pueda conllevar. Todo sea con tal de actualizar el idioma. Así que ni cortos ni perezosos, y a falta de que lo haga la Iglesia, los académicos se han decidido a consagrar, lingüísticamente hablando, el matrimonio homosexual, en concomitancia, todo sea dicho, con el Tribunal Constitucional, el cual en breve avalará dicha ley, en contraposición al recurso pepero de 2005. Así, bajo la entrada "matrimonio" del diccionario académico aparece como segunda acepción lo siguiente:

2. m. En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

Sí, señores, las paradojas de la vida han llevado a la otrora para muchos retrógrada y conservadora Real Academia de la Lengua a erigirse en estandarte de los derechos del colectivo homosexual (quizás porque no le haya quedado más remedio...). Sin embargo, no ha sido el primer organismo de regulación lingüística en hacerlo, puesto que ya en 2009 el Institut d'Estudis Catalans o la Real Academia Galega habían incluido esta acepción en sus respectivos diccionarios. Desde luego, la RAE no siempre está al loro de lo que se cuece, aunque más vale tarde que nunca, ¿no?

Mención aparte merece, por último, la aceptación oficial de una realidad más que patente en ciertas zonas de Estados Unidos desde hace décadas, el espanglish -con e de España delante, ya que las eses líquidas son algo ajeno al sistema fonético de nuestro idioma-, y del cual la RAE dice: 


1. m. Modalidad del habla de algunos grupos hispanos de los Estados Unidos, en la que se mezclan, deformándolos, elementos léxicos y gramaticales del español y del inglés.


Hablantes y hablantas, la Academia se ha pronunciado.





Limpia, fija y da esplendor (y se va actualizando...)


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