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Desmontando mitos: las lenguas de signos

Existen muchos prejuicios y lugares comunes en torno a las lenguas de signos, fruto del desconocimiento y la falta de sensibilización de una parte de la sociedad hacía el día a día de un importante colectivo como el de los sordomudos y su entorno. Hechos como el sucedido recientemente en el funeral de Nelson Mandela, en el que un falso intérprete de signos logró ser el centro de atención por encima de la figura del propio fallecido, corroboran dicha afirmación. He aquí algunas preguntas y sus respectivas respuestas que pueden ayudar al lector a arrojar algo de luz sobre esta cuestión:


1. ¿Existe una única lengua de signos universal?


No. En el mundo existen diferentes lenguas de signos. En España, por ejemplo, existen tres lenguas de signos: la española (LSE), la catalana (LSC) y la valenciana (LSCV). Al contrario de lo que muchos podrían creer, la Lengua de Signos Española (LSE), la Lengua de Signos Catalana (LSC) y la Lengua de Signos Valenciana (LSCV) no tienen tanto que ver entre sí. Algunos estudios otorgan como máximo un 50% de inteligibilidad entre signantes de estos tres idiomas, aunque sus "equivalentes" en la lengua oral (castellano, en el caso de la LSE, y catalán, en el caso de la LSC y la LSCV) provengan de la misma familia lingüística, la románica. La LSC tiene, por ejemplo, más similitudes con otras lenguas de signos que, en un principio, podríamos considerar más distantes, que con la LSE. Asimismo, la LSE no vendría a ser el equivalente signado del español oral, ya que países como México o Argentina cuentan con sus propias lenguas de signos (LSM y LSA, respectivamente), diferentes de la utilizada por los sordomudos españoles. De igual modo,  países como Reino Unido, Irlanda o Estados Unidos, que comparten el inglés como idioma oral, cuentan cada uno con su lengua de signos propia. Este hecho demuestra que las lenguas de signos no se basan en las lenguas orales, lo que destruye un prejuicio muy extendido entre la gente que así lo cree, de igual modo que desmonta el mito de que hay una lengua de signos universal comprensible para todos los signantes del mundo.


2. ¿Se puede aprender una lengua de signos de manera natural igual que las otras lenguas?


La respuesta a esta pregunta es afirmativa. Toda lengua (sea oral o de signos) se puede aprender de manera natural. Un niño sordomudo al que se le enseña un idioma de signos desde que nace sigue el mismo patrón evolutivo que un niño al cual se le enseña un idioma oral; de este modo, un niño sordomudo que aprende un idioma de signos atraviesa diferentes fases, similares a las de su correspondiente oral: balbuceo manual, hacer un signo,combinación de dos signos, etc. Asimismo, conviene indicar que, al igual que los niños oyentes, los niños sordomudos suelen aprender en primer lugar términos como "mamá" o "papá" al cabo de un cierto tiempo (estudios sobre estas cuestiones revelan que un niño sordomudo no adquiere conceptos como "yo" y "tu" hasta los 27 meses de vida). Todo ello demuestra que las lenguas de signos se aprenden de un modo natural y evolutivo, tal y como sucede con los lenguas orales. Por lo tanto, una lengua de signos puede aprenderse en cualquier momento de nuestra vida, de igual manera que se puede aprender un idioma extranjero. 

3. ¿Se pueden utilizar palabras nuevas -por ejemplo, tecnicismos- en las lenguas de signos?


Como en todas las lenguas, las de signos evolucionan con el tiempo, dejando en el olvido términos que actualmente serían del todo inútiles, e introduciendo otros nuevos de acuerdo a las necesidades de hoy (las nuevas tecnologías, los medios de comunicación...). Ahora bien, ¿cómo se crean estos nuevos términos en las lenguas de signos? Se puede hacer de dos maneras: la primera es a través de la creación de signos compuestos, es decir, crear un nuevo signo a partir de dos signos ya existentes (o incluso tres) en una lengua de signos determinada; la segunda manera es la creación de un signo totalmente nuevo, sin tomar como referencia otros signos que ya existan. De todas maneras, habría que remarcar que, ya sea de un modo u otro, en las lenguas de signos no se da el mismo fenómeno de préstamos lingüísticos que se observa en las lenguas orales, muchas de las cuales adaptan o toman prestados términos o conceptos nuevos de otras lenguas (principalmente el inglés). Por ejemplo, mientras que el catalán y el español orales toman palabras como "internet" del inglés, las lenguas de signos catalana y española -la LSC y la LSE-  crean un nuevo signo para dicho término, sin tomar en ningún caso como referencia la Lengua de Signos Norteamericana (ASE) o la Lengua de Signos Británica (BHO).

4. ¿Se puede afirmar que las lenguas de signos tienen gramática?


Sí. Está demostrado que este tipo de lenguas "no habladas" tienen la misma complejidad estructural que las lenguas orales en lo que respecta a campos como la fonología, la morfología, el léxico, la sintaxis, etc. Además, las lenguas de signos también cuentan con aspectos externos como las variaciones dialectales, las variaciones de registro, la evolución histórica, el desarrollo del léxico (tal y como ya se ha indicado en el apartado anterior), etc. Fijémonos ahora en alguno de los rasgos internos de las lenguas de signos que se acaban de mencionar. 

El primero es la fonología, que, mientras en las lenguas orales tiene una modalidad oral-auditiva, en las lenguas de signos tiene un carácter gestual-visual; de este modo, el punto de articulación no es el aparato fónico, sino las manos, los brazos, el tronco y la cara, lo que hace que las características fonológicas pasen del modo y forma de articulación de las lenguas orales, a centrarse en siete parámetros: la forma que adoptan las manos, el movimiento que éstas hacen, la orientación que toman, el punto de contacto con el cuerpo, el punto de articulación del signo, el lugar donde se coloca el signo y, por último, los componentes no manuales, como pueden ser la expresión facial, el torso o los patrones labiales (que no tienen en ningún caso un uso afectivo, sino lingüístico). Asimismo,esta complejidad puede llevar a errores a la hora de signar, tal y como sucede con las lenguas orales; por ejemplo, en catalán o castellano no es lo mismo decir "data" que "bata", ya que, mientras que la d y la b tienen el mismo modo de articulación (oclusivo), en el primer caso, la d tienen un punto de articulación dental, y la b lo tiene bilabial, esto mismo puede pasar a la hora de distinguir entre dos signos que pueden tener, por ejemplo, la misma forma manual, pero un punto de articulación diferente el uno del otro. Por último, en lo que respecta a la fonología de las lenguas de signos, conviene decir que éstas también tienen fenómenos fonológicos como, por ejemplo, la asimilación.

En cuanto a la morfología y el léxico, las lenguas de signos también tienen una considerable complejidad que demuestra que se tratan de verdaderas lenguas y que poseen una gramática propia. Por ejemplo, y tal y como ya se ha comentado en la anterior cuestión, las lenguas de signos tienen la capacidad de crear signos nuevos gracias a otros ya existentes; un ejemplo serían en la Lengua de Signos Norteamericana (ASE) los signos correspondientes a SLEEP (dormir) y DRESS (vestido), que juntos conforman la palabra PYJAMAS (pijama). Otro ejemplo de esta complejidad morfológica es la formación del plural en las lenguas de signos, que se puede hacer en cada lengua mediante diferentes recursos como, por ejemplo, la triplicación de un signo (este hecho no debería extrañar a nadie, ya que hay muchas lenguas orales que para formar el plural de las palabras recurren a la doble repetición de las mismas para dar una idea de plural). Otro rasgo de complejidad morfológica es la derivación de nombres a partir de verbos; por ejemplo, en la Lengua de Signos Catalana (LSC), el signo volar da lugar a avión (en ambos casos la forma de las manos es la misma pero hay modificaciones en el movimiento).

Por último, hablaremos de la sintaxis en las lenguas de signos, poniendo como ejemplo la utilizada en Barcelona, la LSC. Contra todo pronóstico, la LSC tiene una estructura oracional diferente del catalán oral, lo que demuestra una vez más que las lenguas de signos no están basadas en las lenguas orales y que, por lo tanto, tienen gramáticas propias. De este modo, podemos observar que mientras la estructura normal de las oraciones afirmativas en catalán oral es la de Sujeto-Verbo-Objeto, en LSC la estructura es de Sujeto-Objeto-Verbo. Veámoslo  ahora con un ejemplo gráfico donde se comparan dos oraciones con un mismo significado tanto en catalán oral como LSC:

EL NIÑO HA COMIDO UN PASTEL (castellano)

EL NEN  HA MENJAT  UN PASTÍS (catalán oral)
      1.                2.                     3.

EL NEN  PASTÍS  MENJAR (Lengua de Signos Catalana)
      1.             3.              2.

1. Sujeto
2. Verbo
3. Objeto

Asimismo, la forma oracional interrogativa de la Lengua de Signos Catalana (LSC) sigue otro esquema diferente del catalán oral: Objeto-Verbo-Sujeto. Veamos un ejemplo:

¿QUIÉN HA COMIDO EL PASTEL? (castellano)

QUI  HA MENJAT  EL PASTÍS? (catalán oral)
   1.               2.                 3.

____________________q
PASTÍS  MENJAR  QUI     (Lengua de Signos Catalana)
      3.             2.           1.

1. Sujeto
2.Verbo
3. Objeto

Aún y así, aspectos como el modo interrogativo o el modo negativo, entre otros, también vienen determinados por los anteriormente mencionados componentes no manuales, que, conviene remarcar de nuevo, no tienen valor afectivo alguno sino plenamente lingüístico.

Con todo esto, y a modo de conclusión, queda demostrado que las lenguas de signos tienen una gramática totalmente diferenciada de las de las lenguas orales, y que, por lo tanto, son lenguas independientes, y en ningún caso representaciones de las lenguas orales ni formas de comunicación secundarias.

NOTA: Este artículo ha sido extraído de un trabajo sobre lenguas de signos que llevé a cabo durante mis años de carrera en la asignatura de Lingüística aplicada a la traducción a cargo de Joaquim Llisterri.

Comentarios

  1. Hola Toni. Son unos apuntes interesantes. Sería muy útil que indicaras las referencias bibliográficas

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