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El monegasco, la lengua de Mónaco que (casi) nadie habla

Cuando uno visita el Principado de Mónaco, va sin duda con unas ideas preconcebidas de lo que se va a encontrar: lujo y riqueza a espuertas, el casino de Montecarlo, referencias a Grace Kelly y al resto de la familia real monegasca aquí y allá, además de otros tópicos de mayor o menos relevancia que durante años han nutrido el papel couché de medio mundo y que han contribuido a afianzar la imagen de este pequeño país de apenas 2 km² como quintaesencia de la abundancia y el glamur. Sin embargo, justo al cruzar la frontera del diminuto principado, aquellos visitantes más observadores seguramente repararán en los carteles de bievenida en los que se indica, junto al previsible nombre en francés, que se hallan en esos momentos en el "Principatu de Mùnegu". Algunos no le darán mayor importancia al asunto y continuarán con su viaje como si nada. Otros se preguntarán de qué trata aquello, mirarán en Wikipedia y descubrirán que Mónaco cuenta al parecer con una lengua autóctona, aunque probablemente luego se olvidarán de la anécdota, máxime cuando se percaten de que el monegasco (el nombre del idioma en cuestión) cuenta con una presencia más bien testimonial (por no decir, casi inexistente) en las calles del pequeño país. Otros, como servidor, querrán indagar al respecto y descubrir si la situación de la lengua monegasca es tan poco halagüeña como en principio parece.

El monegasco no es oficial en Mónaco, aunque tiene la consideración de lengua nacional según la constitución del principado. Se trata de un dialecto del ligur, una lengua romance formada por diferentes dialectos -entre los que destaca el genovés- y hablada por cerca de medio millón de personas en la zona litoral del noroeste de Italia (en la región de Liguria, que le da el nombre al idioma), en el antiguo Condado de Niza (actualmente en Francia) y, por supuesto, también en Mónaco. 

Según Ethnologue, el monegasco contaba en 2014 con 8210 hablantes, de los cuales, unos 400 lo tendrían como idioma materno. Esta cifra en principio puede antojarse nimia. Sin embargo, no es un número en absoluto nada baladí ya que representa en torno al 21% de la población total del país, que ronda las 38000 almas. Si esta cifra de hablantes supone una realidad contrastada, o se trata más bien de una estadística maquillada por algún empleado del Cumitau Naçiunale d'ë Tradiçiue Munegasche, es un misterio. Lo cierto es que servidor es de la opinión de que la segunda opción sea más plausible, puesto que durante la única ocasión que visitó el principado hace algo más de un año, no logró encontrar mayor rastro del idioma monegasco en el lugar, más allá de los nombres de las calles en las indicaciones del casco antiguo de Mónaco. El resto del tiempo, el idioma que se podía leer y oír por todas partes era el francés (el idioma oficial del país), y en menor medida también el italiano y el inglés.


No obstante, hay un colectivo del país para el cual la lengua monegasca es una realidad más o menos simpática: los estudiantes. En efecto, el currículum escolar del principado incluye el monegasco como asignatura obligatoria. De este modo, los más jóvenes se ven en la tesitura de aprender un idioma que les resulta totalmente ajeno y que, para más inri, no usarán probablemente jamás fuera de las paredes de sus aulas. En efecto, la lengua monegasca es a la práctica inexistente en el día a día. Para muestra, un botón: no se utiliza ni en la radio ni en la televisión del país, su presencia en los organismos oficiales de Mónaco es nula, y cuenta con un corpus literario tan limitado que se reduce a la publicación de un calendario anual y a la reimpresión periódica de los poemas patrióticos de Louis Notari (la única figura de renombre que han dado las letras monegascas). Lamentablemente, el monegasco es una lengua que apenas nadie habla en la esfera pública, a excepción de algunos ancianos y de los más jovenes en las respectivas escuelas.

El gran valedor de la lengua monegasca (o el gran culpable de las pesadillas de algunos estudiantes, según se mire...) es Georges Franzi, un canónigo de la catedral de Mónaco, que en los década de los 70, horrorizado ante la idea de la práctica desaparación del idioma vernáculo, consiguió convencer al Príncipe Rainiero III y la Princesa Gracia (Grace Kelly, para entendernos...) de que era perentorio incluir lecciones obligatorias de monegasco en todas las escuelas del principado. La iniciativa fue sin duda encomiable y, a bote pronto, pareció surtir efecto ya que cuatro décadas después, con los números oficiales en mano, es posible afirmar que nunca en la historia el monegasco había contado con tantos hablantes como ahora. ¿Pero de qué sirve potenciar un idioma en las aulas si luego no va a tener utilidad alguna en la calle?. Es en este aspecto en el que las autoridades monegascas deberían centrar sus esfuerzos mediante políticas de planificación lingüísticas efectivas. Ejemplos en los que inspirarse no les van a faltar.

A pesar de la situación tan aciaga del idioma, durante mi visita a Mónaco conseguí llevarme un pedacito de lengua monegasca. Normalmente cuando visito algún lugar, intento hacerme con un ejemplar de El Principito o Astérix en el idioma local. En este caso no fue posible, ya que o bien no existía tal traducción, o bien se encontraba descatalogada. Sea como fuere, me hice con una gramática monegasca. Quién sabe, quizás en breve deberán sumar un hablante nuevo por estos lares...

La gramática en cuestión incluye también fragmentos de poesía monegasca, en especial del ya mencionado Louis Notari, del cual adjunto un fragmento de su poema "O belu Mùnegu" (El bello Mónaco), que he tenido a bien traducir:

Davu u benstà ri aurivèi,
ma i tói giardin de limunèi
davu travágliu e pan a tüti,
sempre crüverti de sciúre e früti
ch'è máire-gran, ë done, ë figlie
cüglivu leste cuma d'abíglie
ün mesu ai ridi, ün mesu ai canti,
ün mesu a gioia d'i chóei festanti.                                 

* Daban bienestar los olivos,
mas tus jardines de limoneros
daban pan y trabajo a todos,
siempre cubiertos de flores y frutas
que las abuelas, las mujeres, las hijas
recogían ágiles cuales abejas
entre risas, entre cantos,
entre la dicha de los corazones jubilosos.

(* Traducción al castellano realizada por Antonio Tena Corredera)

BIBLIOGRAFÍA:


  • FROLLA, Louis (2009): "Grammaire monégasque", Comité National des Traditions Monégasques, Principado de Monaco.

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