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Llenguaferits: el bilingüismo mata (según TV3)

Anoche TV3 puso toda la carne en el asador. Tras el demoledor informe de la ONG Plataforma per la llengua publicado hace un par de semanas, en el que se alertaba de que en las escuelas de las zonas urbanas de Cataluña tan solo el 14,6% de las conversaciones durante la hora del recreo eran en catalán, la televisión pública debe de haber visto un filón rentable, por lo que no ha podido evitar sacar tajada al respecto y servir en bandeja una buena dosis de agravio a sus televidentes, tal y como viene siendo habitual durante los últimos años, visto el papel de aparato de agitprop que ha adoptado la emisora desde los albores del processisme

Lo cierto es que, a propósito de tan bajo porcentaje (cuya metodología aun se desconoce), han corrido ríos de tinta y se han rellenado horas de emisión en TV3, mediante tertulias de la autocomplacencia en las que todos sus participantes piensan por lo general lo mismo, y que consisten básicamente en darse la razón los unos a los otros. El 30 Minuts de ayer fue la guinda del pastel. El presentador del espacio, Carles Solà Serra,  empezaba fuerte, justo antes de la emisión del documental, al afirmar que el futuro del catalán ya no está  ligado únicamente a la "hostilitat de l'Estat espanyol", sino a la nueva demografía. Lo que vino después fue lo esperable: toda una retahíla de tópicos más o menos manidos cuya única finalidad es vender el mensaje de que el bilingüismo es malo y, por ende, una sentencia de muerte para el futuro del catalán, todo ello, claro está, con el beneplácito del pérfido Estado español.

El documental recogió el testimonio de varias personalidades, siendo Víctor Amela la única nota discordante. Imagino que por aquello de cumplir con el cupo unionista y seguir recibiendo, al más puro estilo Juan Palomo, el aval del CAC como la televisión más plural de España... Francesc Xavier Vila, director del Centre de Recerca de Sociolingüística i Comunicació (CUSC) de la UB, afirmó sin aportar mayor prueba empírica que "en el momento en que me da igual hablar una lengua que otra con la misma persona y todo el rato estoy cambiando entre las dos lenguas, quiere decir que las dos son igual de propias para nosotros. Y si son exactamente igual de propias, hay una que sobra". Hubiera estado bien que, en un ejercicio de pluralidad que se le presupone a un medio de comunicación imparcial, seguidamente se hubiera podido oír a alguien rebatir tal argumento para presentar las dos caras de la moneda y dejar que cada cual llegue a sus propias conclusiones, pero claro, no hay que olvidar que estamos hablando de TV3...  Un buen ejemplo hubiera sido el de la periodista Rosa Cullell, quien la semana pasada publicaba en El País una columna de opinión de elocuente nombre "Mi patria son dos lenguas" en la que se da entender todo lo contrario a la opinión del Sr. Vila: "Las lenguas maternas, las que se aprenden y se llenan de acentos, expresiones y vivencias en la infancia, no se extirpan de cuajo de nuestro cerebro ni de nuestros sentimientos, por muchas leyes que se promulguen en dictadura o en democracia."

Otro momento destacable del programa fue cuando el escritor Albert Sánchez Piñol criticó sin demasiados ambages y con mucha sorna la, según él, pobre promoción del catalán en el exterior por parte del Estado español: "He viajado a cargo del Instituto Cervantes... para ellos no existe el catalán. Te dicen: "no, no, nosotros os respetamos mucho" y te llevan a sus institutos y todo está en castellano menos una estantería ridícula donde pone "lenguas cooficiales". Esta es la mentalidad del Estado". Lo lógico hubiera sido que seguidamente alguien (algún representante del Instituto Cervantes, por ejemplo)  hubiera tenido la oportunidad de contrastar las opiniones del Sr. Sánchez e informar al espectador de que el Cervantes, a pesar de lo indicado por el escritor, lleva a cabo conferencias con autores en catalán (como, por ejemplo, el propio Sánchez Piñol, tal y como él  mismo reconoció), visionado de películas en catalán, amén de cursos regulares de catalán, gallego y vasco en numerosos centros repartidos por todo el mundo: Milán, Moscú, Berlín, Tokio, Múnich, Fránkfurt, Río de Janeiro, Pekín, París, Bruselas, Viena y un largo etcétera que nadie en TV3 tuvo a bien enumerar... Asimismo, habría sido pertinente que alguien también hubiera recordado que precisamente lo que Albert Sánchez Piñol critica de manera más o menos infundanda fue lo que realmente sucedió en la Feria del Libro de Fránkfurt de 2007, aunque con las tornas cambiadas y de manera más flagrante, si cabe. Aquel año, la cultura invitada al evento literario fue la catalana, de la cual quedaron excluidos todos los escritores catalanes en lengua castellana por decisión de la Conselleria de Cultura, dirigida entonces por ERC. 

En otro momento del reportaje, se habla de la vulneración de derechos de los catalanohablantes por parte del Estado, en especial en el ámbito de la justicia donde la presencia del catalán es sustancialmente inferior a la del castellano, sin mencionar en ningún momento las varias y reiteradas denuncias, por parte tanto de particulares como de colectivos, de la vulneración de derechos de castellanohablantes en Cataluña en lo que a la educación y al trato con las administraciones locales, provinciales y autonómicas se refiere. La Directora General de Política Lingüística, Ester Franquesa, afirma al respecto: "Si me preguntas por adversidades por parte del Estado español a la lengua (catalana), yo lo primero que te diría son las impugnaciones de todas las legislaciones que hacemos en materia lingüística. Nos lo han torpedeado todo: la ley de cine, la ley de acogida, la ley de educación, todo aquello que indica y que regula en materia lingüística, la ley del occitano, codigo de consumo. Todo". Lo que no mencionó Franquesa es que si esas leyes se han recurrido ha sido porque establecían la obligatoriedad o la preferencia del catalán sobre el castellano, tanto en el ámbito privado -donde la doctrina constitucional estipula la libertad de elección lingüística-, como en el ámbito público - en el que las leyes y sentencias ordenan un bilingüismo equilibrado, que en el caso de la escuela establece un 25% de horas lectivas en castellano (que actualmente no se cumple) y un 75% de horas en catalán.

En resumen, tanto el testimonio de Sánchez Piñol como el de Franquesa sirvieron para pintar al Estado español como una suerte de enemigo que quiere acabar con cualquier atisbo de catalán, lo que únicamente puede solucionarse, se infiere, con la independencia de Cataluña. Todo ello, qué duda cabe, sin nadie que se lo rebatiera. Habría sido conveniente que el documental también hubiera contado con alguna opinión discrepante al respecto como, por ejemplo, la de la catedrática y profesora de la Escuela Oficial de Idiomas de Drassanes, Mercè Vilarrubias, quien en su última obra, Por una Ley de Lenguas, afirma que, a diferencia de la administración autonómica catalana que es a la práctica monolingüe en catalán, "desde inicios de 1990 la Administración del Estado en las Comunidades Autónomas bilingües opera en todas sus instituciones en castellano y en la lengua cooficial. Uno sólo necesita acercarse a una oficina de Correos o de la Agencia Tributaria, una Comisaría de Policía Nacional o una Delegación del Gobierno para observar que toda la rotulación está en español y la lengua cooficial, que los documentos están en ambas lenguas y que el personal es capaz de comunicarse en ambas. La expedición de documentos es bilingüe: los DNI y también los carnets de conducir, los libros de familia y los títulos académicos. La declaración de Hacienda puede tramitarse en catalán, en euskera o en gallego si así lo escogen los ciudadanos."

Con respecto a este aspecto, otro testimonio que habría dado más pluralidad al reportaje de 30 Minuts también hubiera sido el del profesor de catalán en la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB Albert Branchadell. El susodicho ha expresado en diferentes artículos y obras que el futuro del catalán como idioma hablado no tiene por qué pasar necesariamente por la creación de un estado catalán. Y para demostrarlo pone un par de ejemplos: "creer que la normalización del catalán está garantizada con la independencia es empíricamente falso ya que tenemos ejemplos de comunidades lingüísticas como Irlanda que se han independizado y no han normalizado la lengua y comunidades como Flandes que, sin ser independientes, han normalizado su lengua."

Asimismo, en ningún momento de la crónica se mencionó que, a pesar de la presunta hostilidad del Estado español hacia el catalán que le atribuyen tanto el presentador de 30 Minuts como los participantes en el espacio, el año pasado el Consejo de Europa consideró a España un modelo a seguir en cuanto a la protección de lenguas minoritarias. De nuevo, este o cualquier otro aspecto positivo en torno a España fue obviado. Se deduce, pues, que avui això no tocava...

En definitiva, lo que podría haber sido un interesante reportaje sobre la situación del catalán y la necesaria promoción del idioma -así como de la realidad sociolingüística de Cataluña y de cómo ambas comunidades lingüísticas pueden ver vulnerados sus derechos- volvió a convertirse en la enésima muestra de la preocupante falta de imparcialidad y pluralidad que impera en TV3, según la cual los agraviados son siempre unos y los verdugos, otros. Algo que desgraciadamente ya viene siendo demasiado habitual y motivo de tristeza para muchos de los que crecimos viendo esta cadena. Nos quedará, eso sí, para la posteridad el momento tan sui generis y, al fin y al cabo, tan processista del activista Àlex Hinojo diciendo que él lo que quiere es hablarle en catalán a su tostadora...


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